El núcleo: cabello de lamia
Las lamias aparecen en las leyendas vascas como mujeres de pies de pato que viven en fuentes, cuevas y orillas de ríos. Pasan las noches peinando sus largos cabellos con un peine de oro, y muchas historias cuentan lo que le ocurrió a quien intentó llevárselo. Lo que las leyendas no suelen contar es que, de vez en cuando, un cabello queda prendido entre las púas y cae al agua.
Ese cabello, recogido en la corriente antes de que se pierda, es el núcleo de Ibai. Es fino, resistente y casi invisible, y guarda la memoria de todo lo que el río ha visto pasar. Por eso esta varita tiene una afinidad especial con los recuerdos, los encantamientos de calma y todo lo que tiene que ver con el agua y los caminos.
La madera del relato y la talla
En la tradición de la Forja, Ibai pertenece al fresno, el árbol elástico y resistente que siempre ha crecido junto a los ríos.
En el taller, Ibai se ha tallado a mano en madera maciza torneada. El cuerpo se ha trabajado en sección cuadrada, desde la punta, y se ha girado en una espiral que baja hasta la empuñadura. Allí la espiral se redondea y se cierra como una trenza. Es una talla que exige mucha precisión, porque cada cara tiene que girar al mismo ritmo que las demás. El acabado es un tono miel, más rojizo en la empuñadura, con barniz brillante.
Para quién es Ibai
Ibai se entiende con viajeros, con quienes guardan recuerdos en cajas y cuadernos y con quienes necesitan estar cerca del agua para pensar con claridad. Es una varita para personas tranquilas y observadoras, que se adaptan a cualquier cauce sin perder su rumbo.
Es un regalo muy especial para alguien que se marcha lejos o para alguien que vuelve a casa después de mucho tiempo.