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El Maestro Varitero

Si alguna vez cruzas la puerta de la Forja, lo primero que verás será un delantal de cuero lleno de gubias, un paño de algodón colgado de la cintura y un bigote que se curva hacia arriba cada vez que una varita sale bien. Ese es el Varitero, el maestro que talla, una a una, todas las varitas de la casa.

El artesano, con los brazos cruzados, sostiene una varita y sonríe

Mientras trabaja, el Varitero no habla mucho. Prefiere escuchar: el sonido de la madera al golpearla con los nudillos, el crujido de la fibra bajo la gubia, el silencio que se hace en el taller cuando una pieza está a punto de terminarse.

Cómo llegó al oficio

Dicen que la primera varita que talló el Varitero no la hizo a propósito. Estaba rebajando una varilla de madera sin otra intención que pasar la tarde, y cuando quiso darse cuenta tenía en la mano algo que no era un palo ni una herramienta. Tardó varios días en atreverse a hacer con ella el primer gesto, y lo que pasó entonces es algo que todavía hoy cuenta de una forma distinta cada vez que se lo preguntan.

Desde entonces ha dedicado su tiempo a aprender lo que los variteros saben desde siempre: que cada madera tiene su temperamento, que un núcleo no se elige por capricho y que una varita con prisa nunca llega a despertar del todo.

Su manera de trabajar

El Varitero trabaja con herramientas de mano: formones, escofinas, gubias de varios tamaños, una navaja de tallista y un pirograbador para los detalles más finos. Las guarda siempre en el bolsillo del delantal, cada una en su sitio, porque dice que una herramienta que hay que buscar es una herramienta que se usa mal.

No tiene prisa. Una varita puede pasar días en el banco de trabajo, y si la madera no responde como esperaba, se aparta y se espera. Lo que no hace nunca es forzarla: prefiere perder una varilla antes que dejar salir del taller una pieza de la que no esté orgulloso.

Lo que firma

Cada certificado de autenticidad de la Forja lleva la firma del Varitero y el sello de la Estrella de la Forja en lacre rojo. Para él, firmar no es un trámite: es el momento en que reconoce que la varita está lista para marcharse y encontrar a su portador. Por eso no firma ninguna que no haya tallado con sus propias manos.

Una puerta abierta

Insignia «Artesano con experiencia»: el maestro varitero, con los brazos cruzados, entre libros, una linterna y un reloj de arena

El Varitero contesta personalmente a quien le escribe. Si tienes dudas sobre qué varita elegir, si quieres saber algo de una madera o simplemente te apetece contarle qué sentiste en tu primer despertar, puedes escribirle desde la página de contacto.

Tu varita te está esperando

En algún rincón del taller hay una varita tallada para alguien como tú. Solo tienes que encontrarla.

Ver las varitasEscribe al Varitero