El núcleo: viruta de la primera varita
Cuando el Varitero talló su primera varita, guardó en un frasco las virutas que fueron cayendo al suelo del taller. No sabía muy bien por qué lo hacía; solo sabía que no podía tirarlas. Con los años entendió que en esas virutas había quedado algo del primer despertar, de aquel momento en que una madera dejó de ser madera.
Áurea guarda en su historia una de esas virutas. Es un núcleo que no se encuentra en ningún bosque ni en ninguna criatura, porque solo existe en la Forja. Da a la varita una afinidad amplia con todas las ramas de la magia y una facilidad especial para la creación.
La madera del relato y la talla
En la tradición de la Forja, Áurea pertenece al boj, la madera dura y de grano finísimo que grabadores y tallistas han apreciado siempre porque aguanta los detalles más delicados.
En el taller, Áurea se ha tallado a mano en madera maciza clara torneada. De la punta a la empuñadura, el cuerpo está cubierto de relieves de volutas y espirales, realzados en tono ocre para que destaquen sobre la madera clara. Sobre ellos se han colocado apliques de aluminio en tono dorado en la punta, a lo largo del cuerpo y en el pomo, que se remata con una filigrana del mismo material. El conjunto se protege con barniz brillante. Es la varita que más horas de trabajo acumula en todo el taller.
Para quién es Áurea
Áurea se entiende con despiertos con experiencia y con coleccionistas que buscan la pieza más singular de la Forja. Es una varita exigente, que da lo mejor de sí a quien sabe lo que quiere de ella, y una pieza pensada para durar y pasar de unas manos a otras con el tiempo.
También es un regalo excepcional para alguien que aprecia el trabajo artesanal y los objetos con historia.