El núcleo: escama de Sugaar
Sugaar viaja de cueva en cueva por las montañas donde vive Mari, y su paso siempre trae tormenta. Los pastores que lo han visto cruzar el cielo dicen que, al llegar a las cumbres, cambia de piel entre las rocas, y que alguna escama queda allí, todavía tibia, cuando el cielo se despeja.
Una de esas escamas es el núcleo de esta varita. Le da una afinidad especial con las tormentas, los cambios y la transformación, y una voluntad muy firme. Se dice que una varita Sugaar no se aparta de un objetivo una vez que lo ha marcado.
La madera del relato y la talla
En la tradición de la Forja, Sugaar pertenece al tejo, un árbol oscuro y longevo que en los pueblos del norte se plantaba junto a ermitas y caseríos, y que siempre ha estado rodeado de leyendas.
En el taller, Sugaar se ha tallado a mano en madera maciza torneada. La empuñadura toma la forma de una serpiente: la cabeza con su ojo de piedra sintética verde, y el cuerpo que ondula y se funde poco a poco con la varita. A lo largo del cuerpo, unas manchas de resina acrílica verde y negra dibujan la piel del animal. El resto conserva el tono natural de la madera, protegido con barniz brillante.
Para quién es Sugaar
Sugaar se entiende con personas decididas, que saben lo que quieren y no temen los cambios, y con quienes disfrutan viendo llegar una tormenta. Es una varita de carácter rotundo, que no deja indiferente a nadie.
Con sus 43 cm es también una pieza de colección con mucha presencia, que luce especialmente en una vitrina o en una estantería.