El núcleo: hebra de la barba de Basajaun
Basajaun no se deja ver. Quienes caminan por los hayedos y robledales del norte solo saben que ha pasado por allí por las huellas enormes en el barro o por el silencio repentino de los pájaros. A veces, al atravesar la espesura, su barba se engancha en las espinas de una rama baja y deja en ella una hebra larga, gruesa y oscura.
Esa hebra, encontrada entre las espinas de un roble del monte, es el núcleo de esta varita. Le da una fuerza protectora muy marcada, una afinidad especial con las tormentas y el viento, y una gran sensibilidad hacia los animales. Se dice que una varita Basajaun nunca deja solo a su portador cuando se pierde en el monte.
La madera del relato y la talla
En la tradición de la Forja, Basajaun pertenece al roble, el árbol que la cultura vasca ha asociado siempre a la fuerza y la permanencia.
En el taller, Basajaun se ha tallado a mano en madera maciza torneada. La empuñadura, teñida en un tono oscuro con reflejos rojizos, está sembrada de pequeños espinos tallados y atravesada por un agujero. Desde ella, ramas y espinos suben retorciéndose por el cuerpo de la varita, que se va aclarando hacia la punta, con un nudo tallado a mitad de camino. Se termina con barniz brillante.
Para quién es Basajaun
Basajaun se entiende con quienes cuidan de los demás sin hacer ruido: personas fiables, protectoras y con los pies en la tierra, que prefieren el monte a la ciudad. También con quienes viven con animales y con quienes disfrutan de una buena tormenta vista desde la ventana.
Es una varita que transmite seguridad, y un regalo perfecto para alguien que siempre está ahí cuando hace falta.