El núcleo: ceniza de salamandra de fragua
Desde la Antigüedad se cuenta que la salamandra puede vivir entre las llamas sin quemarse. Los herreros de los valles del norte decían que algunas se instalaban en sus fraguas, y que mientras una salamandra viviera en el fuego, el hierro saldría siempre bien templado. Por eso nadie apagaba del todo una fragua habitada.
Cuando una salamandra de fragua cambia de piel, deja en el fondo del fuego una ceniza fina y brillante que no se enfría nunca del todo. Esa ceniza es el núcleo de Ardora. Los herreros contaban también que, al revolverla, saltaban chispas que se quedaban quietas en el aire como gotas de cristal: son las cuatro que lleva esta varita en la empuñadura.
La madera del relato y la talla
En la tradición de la Forja, Ardora pertenece al cerezo, el árbol de flor rosada cuya madera enrojece con los años, como una brasa que se aviva despacio. Por eso su acabado imita ese tono.
En el taller, Ardora se ha tallado a mano en madera maciza torneada. El cuerpo se afila hacia la punta como una llama y, hacia la empuñadura, se abre en cuatro esferas talladas. En la empuñadura se han vaciado cuatro huecos donde se han incrustado cuatro cristales transparentes. El conjunto se termina con un tinte rojizo y barniz brillante.
Para quién es Ardora
Ardora se entiende con personas valientes, apasionadas y algo impacientes, que se lanzan antes de pensarlo dos veces y casi siempre aciertan. Es la varita de quien defiende a los suyos, de quien empieza proyectos con entusiasmo y de quien no se rinde ante un "no".
También es un regalo con mucho significado para alguien que necesita recuperar las ganas o empezar una etapa nueva con fuerza.